domingo, 23 de enero de 2011

La cripta de las colinas del norte

Dungeons 1ª Ed. partida I
 Los aventureros se encuentran en la posada del Halfling Hambriento, la mejor y única posada de Pasorraudo. Allí, conocen a Almuric, el clérigo de Lathander que atiende el pequeño santuario de su benévolo dios, que se encuentra ahora mismo en reconstrucción tras haber ardido en un incendio hace poco.
Kobolds... pero ¿dónde están los orcos?
Nuestros amigo, Frida Loach, la guerrera, Lorun el clérigo de Ilmater y el paladín de Thorm, Main Olegsson, se encuentran disfrutando de un merecido descanso en la posada, cuando se enteran de que unos pobres campesinos (los mismos que trajeron en su carro al bueno de Main) han sido atacados por algo desconocido. Según cuenta la gente, estos ataques se han venido produciendo hace algún tiempo, pero ahora han ido mucho más lejos: Han raptado a Julius, el jovencísimo nieto de los ancianos dejando a los ancianos malheridos y sus posesiones quemadas.
Todas las pruebas apuntan a que los pesados pasos (de garras y pesadas botas) pertenecen a orcos de las montañas, aunque nunca se habían atrevido a raptar algo que no fuera una gallina o un conejo.
Una vez allí, los valientes aventureros se dirigen raudos y veloces en dirección norte, tierras que Lorun conoce bien, ya que ha estado de hermitaño algún tiempo por allí. 
Tras media jornada de camino, el rastro los lleva a una extraña caverna habitada por kóbolds, donde consiguen, luchando con los pequeños aunque numerosos enemigos habitación por habitación y tras una titánica lucha con uno de sus líderes (el furibundo orco berserker llamado Thrallgaar) rescatar a Julius, que se encuentra en estado de shock enganchado a unas cadenas, tumbado sobre un círculo mágico que refulge con extraño poder. El otro de los líderes, un pequeño Kobold con aspecto de brujo o chamán escapa por una rendija evitando ser seguido por los maltrechos pjs.
El grupo regresa victorioso a Pasorraudo donde Almuric, el sacerdote de Lathander se ha encargado de curar a sus abuelos, que ya descansan en la posada tras ver a su nieto rescatado.

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